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Los disruptores endocrinos y la letra pequeña de las etiquetas

La fundación VivoSano vuelve a la carga contra las sustancias químicas tóxicas. Continuando la lucha de sus anteriores campañas: contra el Bisfenol A, presente en envases de bebidas y alimentos; y su plataforma web Hogar Sin Tóxicos,  donde ya hicimos mención en este blog del crowdfunding que organizaron para publicar el libro homónimo.

El documental ‘La letra pequeña’

Esta vez han producido un documental en el que exponen la problemática actual que generan los disruptores endocrinos. Se titula ‘La letra pequeña’ y está disponible en YouTube para su libre visualización, aunque también se puede adquirir en formato DVD en su página web mediante una donación a la fundación.

logo letrapekeña

Un nombre muy adecuado para definir la nebulosa existente entre los etiquetados de muchos productos del mercado y los consumidores finales. Donde no se especifican todas las sustancias químicas utilizadas o donde la información es deficiente y/o inexistente.

El trabajo audiovisual comienza advirtiendo de que “la comunidad científica ha documentado fenómenos raros y preocupantes en la naturaleza y también en el ser humano”. En éste último, “la calidad del semen es menor, se ha registrado un aumento en los problemas de infertilidad, aumento en la incidencia de abortos, cánceres de próstata, de testículos, de mama, pubertad precoz en niñas, y muchas otras enfermedades”. Avisando de que “hay motivos para alarmarse”.

‘La letra pequeña’ pone de manifiesto, a través de las opiniones de científicos españoles y personas expertas en este asunto, que este incremento en los problemas de la salud guardan una relación con la creciente presencia de disruptores endocrinos en el medioambiente.

Qué son los disruptores endocrinos y cuáles son sus efectos en el ser humano

Bisphenol A

El Dr. Nicolás Olea, Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada, define los disruptores endocrinos como “las sustancias químicas, contaminantes ambientales, generalmente producidas por la actividad industrial del hombre y que, una vez dentro del organismo, modifican el equilibrio de las hormonas”.

El doctor continua explicando que “las hormonas son mediadores químicos que conectan un órgano con otro y mandan señales químicas. Esas señales pueden ser interferidas, aumentadas o disminuidas por otros productos químicos que utilizan o suplantan su lugar. La disrupción endocrina como fenómeno consiste en las consecuencias biológicas de esa interferencia”. Y termina argumentando que cuando “algún sistema hormonal se ve exacerbado, con mayor función o deficitario”, es el resultado de que “la sustancia química, el disruptor endocrino en este caso, bloquee la actividad de la hormona”.

La letra pequeña nombra a la Federation Romande des Consommateurs ,como fuente de referencia, para consultar las listas de disruptores endocrinos más comunes. Y así poder identificarlos en las etiquetas de los productos:

Federation romande des consommateurs
Extracto del documental “La letra pequeña”

Las sustancias químicas y los disruptores endocrinos

El documental achaca el aumento de la presencia de disruptores endocrinos a la creciente producción mundial de sustancias químicas artificiales no basadas en extractos naturales. De 1 mill. T. producidas en 1930 a más de 400 mill. T. en 2001. Son cifras que revelan la magnitud del problema.

Extracto del documental “La letra pequeña”

Extracto del documental “La letra pequeña”

El Dr. Jesús del Mazo, Investigador científico del CSIC y del Centro de Investigación Biológica (CIB), confirma la definición anterior y añade que “los disruptores endocrinos mimetizan las hormonas clave en el desarrollo de las células germinales y de órganos sexuales, por tanto, los desequilibrios en los niveles hormonales naturales hace que se produzcan alteraciones en la formación de espermatozoides y óvulos”.

“La letra pequeña” también narra los problemas que éstos generan en la naturaleza. Por ejemplo, la Dr. Miren Cajaraville, Catedrática en Biología Celular en la Universidad del País Vasco, estudia la feminización de las especies en ríos y aguas, junto a su equipo de investigación. Y aclara que esta feminización creciente conlleva “la consecuente pérdida en el número de la población y el ecosistema”. En su estudio concluyeron que podían ser causantes, de este descenso en el número de especies, “los productos de la vida diaria como detergentes que acaban en depuradoras y se liberan finalmente al medioambiente”, concluye la doctora vasca.

Los disruptores endocrinos en la ciudad y nuestros hogares

Por otro lado, el Dr. Miquel Porta, Catedrático de Salud Pública IMIM y Univ. Autónoma de Barcelona, contribuye al documental con su estudio estadístico. Donde, “en muestras representativas de la población general sana en Cataluña, hemos visto que el 73% de los ciudadanos acumulan en su cuerpo 10 o más sustancias tóxicas en su metabolismo. Donde el 34% de ellos tiene niveles corporales o concentraciones altas de estas sustancias”. Y el Dr. Miquel Porta acaba indicando  que “ningún ciudadano”, de la muestra de su estudio, “está libre de tóxicos, por lo menos acumulan 3 sustancias tóxicas en su cuerpo”.

“La letra pequeña” también nos muestra cómo una familia tipo se encuentra expuesta a los disruptores endocrinos en su hogar:

Exposición de una familia típica a los disruptores endocrinos:

Recomendaciones

La Fundación VivoSano también nos propone soluciones a este grave problema, donde “lo que debemos hacer es informarnos más, reflexionar más y organizarnos más para actuar”. Y aconseja como muy importante el “elegir cuidadosamente los productos de limpieza, detergentes y productos de aseo personal y de belleza. Son la única opción verdadera que tenemos al alcance para protegernos de los efectos potencialmente adversos de los químicos que alteran nuestro sistema hormonal”.

Como confirma Sara del Río, responsable de la campaña contra los Tóxicos de Greenpeace España y participante en el documental, hay que “disminuir la exposición a sustancias perturbadoras de las hormonas y otros productos químicos que pueden provocar alergias u otros problemas de salud. Usar marcas conocidas de cosméticos o de prendas de vestir no es una garantía de que sus productos sean seguros y no implica que no se estén utilizando sustancias tóxicas para su producción”. Finalmente, la responsable de la campaña contra los tóxicos, apunta a que la solución “va más dirigida con la calidad ética de una empresa el que no exista esa presencia que con el prestigio”. Y aconseja que “se debe observar con más cuidado los productos que compramos y reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo”.

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Porque no todo el monte es orégano ni toda la química es dañina